Featured image

La historia de una vida que Dios restauró del borde de la muerte

Por Alexandra Santana

Monsserrat creció en un hogar cristiano pero en la adolescencia las mentiras acerca de su identidad empezaron a cautivar su mente. Rebeldía, ansiedad y pensamientos de tristeza empezaron a arroparla y cada vez más se notaba una baja en su autoestima. A la edad de 13 años, su abuelo le regaló un celular y a medida que se introducía en el mundo de las redes sociales su situación se agravó, llegando a tomar la decisión de dejar de comer.

Viendo la situación, sus padres buscaron ayuda de profesionales. Su madre expresó, “Monsserrat estuvo al borde de la muerte, fue algo terrible el sentir que tu hija, como la arena, la tienes en la mano pero se escapa entre tus dedos. Me preguntaba como madre, ¿qué había hecho mal? ¿Qué pecado debía confesar?” 

Sus padres clamaban, ayunaban e intercedían por su hija, pero cada día más la situación de Monsserrat parecía empeorar. Estaba sumergida en pastillas y si tan solo perdía una libra más, tendrían que internarla. El diagnostico de los medicos no daban esperanza alguna, había perdido mucho peso. 

Al escuchar todo esto su madre, Alexandra, llevó a su hija a ver el cuadro de otras niñas que estaban hospitalizadas. Monsserrat se impresionó tanto que pidió a su madre que clamara a Dios por su sanidad. Luego de salir de la consulta del médico, su madre recuerda pasar ese fin de semana orando por su hija. 

Mientras estaba en oración, su madre escuchaba a Dios decir “Rétala, rétala a creerme.” Entre dudas de como hacer esto, su madre habló a Monsserrat y le dijo que estaría haciendo un ayuno por ella y que creía que Dios podía sanarla y libertarla. Lo único que ella pidió a su hija en ese momento fue que si Dios la sanaba, creyera que Dios era real y que escuchará la palabra con un corazón dispuesto. 

La próxima semana, de Lunes a Jueves, su madre ayunó por Monsserrat. En la tarde del Jueves, su madre estaba entregando el ayuno y le expresó al Señor “Yo se que tu sigues siendo Dios, aunque a Monsserrat no le llegue el periodo, yo te creo y creo que tu la puedes restaurar. Yo no necesito un milagro para creerte, pero yo necesito que tú te reveles a ella de una manera real.” Finalmente su madre entregó el ayuno y empezó a empacar para un congreso que tenía al día siguiente, cuando de repente escuchó la voz de Monsserrat llamándola para contarle lo que le había ocurrido, Dios comenzó el milagro.

Los médicos no podían explicar como ella iba mejorando y cuestionaban a la madre que tipo de tratamiento había utilizado. Su madre solo respondía que Dios había hecho el milagro. Ellos en incredulidad le indicaron hacerle una sonografía a su hija. En esta se veia como si no hubiera ningun progreso, más sin embargo, Monsserrat continuaba mejorando. 

A partir de ese momento, el corazón de Monsserrat empezó a abrirse ante Dios. En ese momento comenzó su proceso de liberación física y espiritual. En el colegio, una de las profesoras de Monsserrat se acercó a su madre y le habló acerca del retiro de Chica verdadera. Su profesora anhelaba que la identidad de Monsserrat estuviera basada en Cristo y Su verdad. Pero el mismo fin de semana del retiro, la hermana de la madre de Monsterrat se casaba, y su madre le dijo a su profesora que Monsserrat no podría asistir al retiro por esta razón. 

El fin de semana antes del retiro, los padres de Monsserrat oraron intensamente por su hija y entendieron que aunque era una situación difícil y podrían tener problemas con sus familiares, ella debía participar en el retiro.  En ese momento, su madre contactó a la profesora pero recibió respuesta de que ya el campamento estaba lleno. Aún así, ella no se dió por vencida, pues sabía que su hija necesitaba un encuentro con Dios. Su madre contactó a Marlene Luna, la directora de la organización y al Marlene escuchar la condición de Monsserrat, automáticamente abrió un cupo extra para ella. 

Mientras Monsserrat estuvo en el campamento, sus padres no dejaron de orar durante todo el fin de semana por su hija. En ese tiempo, Alexandra tuvo un sueño donde ella se veía a sí misma de la mano con su esposo caminando, y muchos dardos de fuego venían sobre ellos mientras ella le repetía a su esposo “avanza”. Luego en el sueño, Alexandra llegó a un lugar donde habían muchos vestidos de colores y al verlos ella no podía creer que ella estuviera vestida de negro y decía “esto no puede ser, este vestido no me pertenece, es oscuro y triste.” Y en ese momento abrieron un closet y habían muchos vestidos de colores hermosos y sumamente pesados, que nadie podía levantar. Muy de pronto vino una mano y la vistió con uno de esos vestidos y le dijo, “Este vestido pesa peso de gloria”  y ella empezó a danzar y aunque el vestido era sumamente pesado, Alexandra se sentía tan ligera como una pluma. Mientras ella danzaba, el Señor le decía “Cambio tu lamento en gozo y te doy peso de gloria. Haz sido consolada para consolar. Te saco del anonimato para que hables lo que has recibido.” Y en ese momento Alexandra despertó del sueño, pero esas palabras aún retumbaban en su mente. Alexandra se despertó con la certeza en su corazón de que Dios había hecho algo con Monsserrat en el retiro. 

El último día del retiro, las madres fueron invitadas para un momento de madres e hijas.  Cuando Alexandra llegó, Monsserrat la recibió con una carta que decía: “Mami, te quería decir que muchisimas, pero muchisimas gracias por obligarme a hacer cosas que no quiero hacer por mi propio pecado. Te amo muchísimo. Gracias a ti pude conocer a Dios y amarlo así como lo haces tu.” 

Cuando Monserrat le entregó esa carta, Alexandra supo instantáneamente que era el sello de lo que Dios había hecho en su hija. En las palabras textuales de Alexandra: “Esa carta fue el sello de lo que significó, más que mi mayor prueba, mi mayor bendición. Mi mayor bendición porque me enseñó a buscar a Dios cara a cara, a pelar por mis hijos, a saber que tenía que estar en la brecha por ellos, a poner en orden mi casa, a unirnos a mi y a mi esposo, a saber corregir e instruir a mi hija. Y que no hay psicólogo ni psiquiatra mayor que Jesucristo, ni que pueda decirme cómo educar a mis hijos mejor que Él y su palabra.” 

Luego de que llegó del campamento, Monsserrat asistió a su cita con su psicóloga y la psicóloga declaró que había visto muchas transformaciones grandes anteriormente, pero nunca como la que tuvo Monsserrat.

Unas palabras finales de Alexandra,

“A veces como padres entendemos que trabajando mucho podremos darle a nuestros hijos todo lo que ellos necesitan, yo soy doctora y amo mi profesión pero Dios me ha enseñando que como madre mi presencia no tiene precio. Mi presencia como madre le representa a mis hijos el amor, la instrucción y la guianza del padre. Dios me enseñó que mi familia es mi primer ministerio, a poner mis prioridades en orden y que aunque Monsserrat fue libertada, yo debo vivir en una guerra espiritual constante por ella y mis otros hijos.

El ministerio de Chica verdadera fue para mi como el botón, el canal, el broche de oro que Dios puso durante todo este año para que Monsserrat pudiera reconocer, creer, anhelar y amar a Dios ¡Mi hija fue transformada! Cuando fue a ese retiro, el Señor la metió en un horno y en ese horno la está moldeando y trabajando. Este ministerio fue el canal que Dios usó para confrontarla y hacerla comprender su necesidad de Dios y su condición de pecado, que la estaba dañando ¡Mi hija fue liberada! Estoy inmensamente agradecida del ministerio Chica verdadera.”