La Ficción y el Cerebro de tu Hija

Emociones

 

En este nuevo mundo digital, donde lo pasatiempos tradicionales han pasado al olvido, como madre hacemos lo que sea para   despegar a nuestros hijos de las pantallas. Conesguir sacarlos del mundo virtual, aunque sea por unos minutos para que su cuerpos y sus mentes se ejerciten es para nosotras un logro poco frecuente. Así que, pareciese lógico, que cuando nuestros hijos se interesan por un libro, es un motivo digno de celebración. ¡Lo que sea, con tal y que estén leyendo! ¡Queremos llevarlos a la tienda de libros más cercana, dejarlos allá y encontrarnos con ellos en la caja!

Bueno, puede ser que, en realidad, no sea tan sencillo. Madres, ¿alguna vez se han detenido a echarle un vistazo a los libros de jóvenes que están a la venta hoy en día? Lamentablemente, los clásicos con los que nosotras crecimos ya no son las mismas historias que están siendo promocionadas a nuestras hijas. “Mujercitas”, “Los Chicos del Vagón de Carga” y “Las Crónicas de Narnia” han sido eliminados de los libreros y remplazados por libros con temas oscuros, que tienen como objetivo eliminar las líneas entre el bien y el mal.

Se que probablemente estés pensando “Ok, pero, ¿de verdad importa tanto lo que leen mis hijos?, o tal ves “Mis hijos son los suficientemente maduros como para discernir lo que leen en un historia ficticia. ¡Así los he criado!”

Déjame, humildemente, sugerirte que, en realidad, lo que tus hijos leen si importa. No solo porque nosotros lo decimos, si no mas bien porque la Biblia nos manda, de manera específica, a cuidar lo que permitimos que entre a nuestras mentes.

“Sobre toda cosa guardada, guarda tú corazón, porque de el mana la vida.” Proverbios 4:23

 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2

Dios nos dió estos mandamientos no porque son Buenos ejercicios prácticos para el Cristiano o porque le gusta inventarse reglas sin sentido. El los proveyó porque El, el Creador de la humanidad, conoce la forma en la que la mente del ser humano funciona. El sabe porque esto es importante. Y ahora nosotros estamos descubriéndolo también. En el 2012, el periódico New York Times compartió un estudio que comprueba que las obras ficticias si pueden influenciarnos de maneras que no podemos ni comenzar a imaginarnos: “escaneos cerebrales han revelado lo que sucede en nuestras mentes cuando leemos una descripción detallada, una metáfora evocativa o un intercambio emotivo entre personajes. Estas investigaciones han demostrado que las historias tienen, no solo el potencial de estimular nuestro cerebro, pero incluso la capacidad de afectar directamente la manera en la que actuamos en nuestro día a día” (Annie Murphy Paul, New York Times). Estos estudios demuestran que cuando leemos pasajes detallados de ciertas escenas, o una descripciones  llamativa de ciertas acciones, estas palabras encienden partes de nuestros cerebros que registran estas palabras de tal forma que creemos que realmente las estamos experimentando. Por ejemplo, pudiésemos leer acerca de un pastel recién hecho en casa, cubierto de un rico suspiro de chocolate y relleno de una deliciosa crema pastelera, el cual coincidencialmente es tu favorito. ¿Ya lo estás saboreando? ¡Cuándo leemos cosas irresistibles como estas, la parte de nuestro cerebro que se encarga de experimentar los sabores se enciende y procesa estos pensamientos como si fuesen reales! Annie Murpy Paul lo resumió de esta manera en su artículo del New York Times:

“Pareciera que el cerebro no sabe hacer una distinción clara entre el momento en que leemos acerca de una experiencia, y el momento en que la experimentamos de forma real en nuestras vidas.”  
– Annie Murphy Paul, New York Times

¡El cerebro no sabe distinguir entre lo vivido y lo leído! Así que, ¡las experiencias acerca de las cuales leemos cuando interactuamos con la ficción si juegan un papel en los valores que se forman en vida real! Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿qué valores estamos formando? La Biblia nos provee otra herramienta que nos puede servir para filtrar el contenido que consumimos:

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.” Filipenses 4:8-9”

Cuando escogemos pensar en estas cosas– lo noble, lo bueno, y lo puro– Dios promote que Su paz estará con nosotros. Cuando escogemos formar nuestros valores alrededor de lo moral, también escogemos adopter un estilo de vida lleno de la paz que solo Dios da. Echémosle un vistazo al versículo que se encuentra justo antes de los que acabamos de leer:

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:7

Dios nos manda a guardar nuestros corazones y a transformer nuestras mentes porque El sabe que a aquello a lo que somos expuestos puede afectarnos en formas muy reales. Aunque parezca difícil, llevar un estilo de vida de acuerdo a este mandamiento es posible, El provee el camino! Los provee cuando escogemos vivir en Su paz de manera práctica, con cosas tan simples como escoger libros apropiados para leer. La paz de Dios que recibimos cuando leemos lo que es bueno, es lo que nos permite vivir una vida llena de buenos valores. Cuando leemos cosas que son verdaderas, nobles, buenas, puras, justas y admirables, nuestros cerebros las procesaran como si fuesen reales, y así nuestras vidas quedaran empapadas por estas cualidades.

Así que la próxima vez que vayas a la librería o biblioteca con tus hijos, revisa bien los libros que escogen. Háblales acerca del contenido que están escogiendo leer. Explícales como el contenido que leemos tiene implicaciones reales en nuestras vidas. Ayúdalos a entender lo que sus cerebros están experimentado, y así les ayudaras también a moldear sus valores.

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